viernes, 1 de abril de 2011

El derecho a disentir


Recibo en mi correo electrónico un extenso comentario de una persona que prefiere guardar su anonimato. El sistema no le dejó ponerlo en el lugar de los comentarios por su extensión, por eso me lo hizo llegar a mí. Pues bien, como dice cosas interesantes y parece que bien fundamentadas, después de pedirle la venia, lo pongo en esta entrada, no sin antes decir que la percepción que tenemos los ciudadanos de a pie -no todos pero muchos- es la que yo expongo por lo que, al menos, tenemos un problema de comunicación ya que nuestro Gobierno no ha sabido explicar y probar -ser al menos convincente- que todas estas medidas que se indican están siendo llevadas a cabo. Vds. mismos:

Demasiados temas se tocan en una sola entrada, y aunque pienso centrarme en el caso libio, dos apuntes que no puedo evitar hacer. Aunque las ardillas no puedan ir de punta a punta de España ahora mismo, nuestro país suma la mitad de superficie protegida de toda la Unión Europea, algo es algo. Por otro lado, y respecto a la Guardia Civil, es la que ejerce las funciones de policía militar en las misiones exteriores, he ahí el por qué de su marcha; aparte de las misiones de entrenamiento de fuerzas de seguridad, pues son uno de los cuerpos más reconocidos en esa materia.

Pero yendo al tema libio hay diversos comentarios que me gustaría hacer. En primer lugar, para Europa sería mucho más cómodo dejar ganar a Gadafi. Ahora ya no era el niño malo del Mediterráneo, y con él teníamos suficiente gas y petróleo. Al ritmo que iba su masacre particular, para la semana pasada ya habría controlado de nuevo a la mitad de su población (en el entendido de que la otra mitad estaría muerta), y el petróleo y el gas fluirían de nuevo como antes de la revuelta, y los precios volverían a bajar. Y para Estados Unidos ya ni te cuento, más que nada porque no importan ningún hidrocarburo de Libia, por lo que no hay interés económico, y además la población norteamericana está más que cansada de mandar tropas al extranjero a países que, a ellos sí, les importan un bledo. Por lo tanto, vamos a dejar a un lado las motivaciones petrolíferas, porque aquí no cuadran.
Respecto a las cuentas suizas, gibraltareñas, etc., ésa es precisamente la primera medida que se toma con todo el mundo, con todos los déspotas asesinos contra los que se actúa. Se está haciendo en Irán, se hizo en Yugoslavia, en Ruanda, en Congo, se hace en Costa de Marfil... Así que no digamos que sólo se le hace a Gadafi cuando evidentemente no es cierto. Pero bueno, he puntualizado, he dicho "contra los que se actúa", porque es cierto que no se actúa contra todos. También es cierto que aunque hay muchos malos, no todos son igual de malos. Para analizar correctamente estas diferencias, deberíamos entrar en un debate demasiado profundo para abordar ahora. Baste con señalar que existe una diferencia entre derechos humanos y derechos civiles, aunque en Europa estamos ya tan acostumbrados a tener ambos que ni la notamos. Desde un punto de vista internacional, se acepta hoy en día una intervención por los derechos humanos, no una por los derechos civiles. Si usted no puede votar, es un problema de derechos civiles. Si le asesino por pensar distinto a mí, es de derechos humanos. Como digo, distinguir cada supuesto es arduo, pero superficialmente podemos decir que no es lo mismo una autocracia que somete al pueblo a unas normas más o menos arbitrarias pero ciertas (sea consolidada como Arabia Saudí o en consolidación como Venezuela), que una tiranía del terror. Efectivamente si tuviéramos que implantar la democracia verdadera en cada país del mundo, no acabaríamos nunca, quizá porque tendríamos que empezar por implantarla en la propia Europa partitocrática. Pero sí podemos mandar un mensaje muy claro a quienes cruzan una línea roja, que por suerte no son tantos: no vamos a volver a permitir masacres.
Y eso es lo que ha sucedido en Libia. No estamos hablando de una respuesta violenta a una insurrección. Eso sucedió en Túnez, en Egipto, y está sucediendo en Siria. Gente que protesta, un régimen que reprime. Ya les juzgará su pueblo. La diferencia en Libia es que la represión no pretendía aplacar las protestas, pretendía castigar a todo el pueblo. Si yo me alzo, sé que me arriesgo a que me pegues un tiro, pero lo que escapa a toda lógica es que le pegues un tiro a mi vecino porque yo me he alzado en contra tuya. Y es lo que hacía Gadafi. Hasta las leyes de la guerra prohiben ese comportamiento en pleno conflicto bélico, cómo no va a perseguirse en tiempos de paz. Porque cuando Gadafi empezó a bombardear, lo de Libia aún no era una guerra civil, era solamente un alzamiento parcial, como el de Túnez o Egipto.
Esa diferencia es la que convierte la de Libia en una intervención humanitaria, como lo fue Kosovo, como lo fue Bosnia. Si no hubo una intervención más clara en Ruanda, en Sudán o en Congo, dirijamos bien las culpas, porque no fueron las potencias occidentales las que vetaron una acción más clara de la comunidad internacional allí. Fueron los chinos, o los rusos, o ambos. La resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es profundamente distinta de la 1441 que utilizó Estados Unidos para atacar Irak. La primera diferencia es la verdadera naturaleza humanitaria. La segunda, una autorización expresa de las Naciones Unidas para impedir que Gadafi siga asesinando a civiles inocentes por el solo placer de verles morir y de aterrorizar al resto. Basta ya de Nerones. En lugar de ver conspiraciones estadounidenses en todas partes deberíamos alegrarnos de que por fin las Naciones Unidas hayan sido capaces de decidir aunque sólo sea una vez que no van a ver cómo otro tirano mata a gente y no hacer nada para evitarlo.
Y si luego resulta que son integristas islámicos, pues que lo sean. Sinceramente creo que de vez en cuando hemos de ser realmente capaces de diferenciar partes. Les toca a los servicios de inteligencia de los Estados y a sus Ministerios de Exteriores asegurarse de que cuando caiga Gadafi se instaura una democracia de verdad, un buen Estado de Derecho. Pero para llegar a ese debate primero tenemos que proteger a los que están siendo asesinados. No voy a ser yo tan cínico de verles morir y no inquietarme porque quien muere resulta ser un integrista. Por encima de todo, es una persona. Una cosa es que un "siervo de Al-Qaeda" muera en un enfrentamiento con nosotros mientras trata de atacarnos y nosotros de protegernos. Otra cosa es que veamos morir a gente y no hagamos nada porque presuntamente podrían pertenecer a Al-Qaeda y quizás, tal vez y a lo mejor nos atacarían si les dejáramos vivir. Demasiado condicional cuando lo que hay en juego es una vida humana.
Y en todo caso, creo que todos preferiríamos vivir bajo una autocracia como la saudita, a morir bajo las bombas gadafistas. Al menos, cuando estás en la cárcel te queda la esperanza de ser libre...

miércoles, 23 de marzo de 2011

La guerra contra Libia


Ayer en el Congreso, Llamazares dijo verdades como puños al anunciar que votaría NO al ataque contra Libia. Y es que las razones que nos dan para justificar la intervención no tienen ni siquiera un asomo de validez. ¿Que Gadaffi está atacando a la población civil? Si, es cierto pero no hay que olvidar que los rebeldes pretendían quitarle el poder y no precisamente de forma pacífica. No estoy justificando la actitud de Gadaffi ni mucho menos pero era de esperar una cierta reacción de quien ha detentado el poder despóticamente durante tantos años y ahora ve el peligro de su remoción.
Pero ¿sabemos a ciencia cierta quién mueve los hilos de esa revolución? ¿No serán acaso integristas islámicos en la sombra los que manejan a su antojo a ciertos personajes que son los que dan la cara? Porque puede ocurrir como en Irán, que EEUU se empeñó en derrocar al Sha y entronizó a Jomeini y con éste las cosas empeoraron bastante.
Además, si fuera por proteger los derechos humanos de la población civil y quitarles de encima al tirano, tendríamos que invadir más de medio planeta. ¿Por qué la OTAN no invade Arabia Saudí cuando todos sabemos que allí a un ladrón aun se le corta la mano como en la Edad Media o a un gay se le ahorca? ¿Respetan los derechos humanos? Pues no, y no le invadimos y derrocamos a su monarca. ¿Se respetan los derechos humanos en Etiopía, Uganda, Guinea, Benín, Liberia, Sierra Leona, Malaui, Eritrea...? Rotundamente no. El dictador de turno se queda con el dinero de las exportaciones de materias primas de su país (países que suelen ser riquísimos en recursos naturales) y condena al hambre y a la miseria a sus súbditos. . Y después les cerramos nuestras fronteras a los que huyen de la hambruna y los llamamos ilegales. ¿Es más decente esto que echarles bombas? Pues no sé qué decirles, yo preferiría una muerte rápida por efecto de un obús o de un misil que una muerte por inanición con un periodo prolongado de tiempo para tener tiempo de pensar en lo que me están haciendo
¿Intervenimos al menos las cuentas corrientes del tirano en Suiza, Islas Caimán, Gibraltar u otro país similar para forzarlo a su abandono del poder? No, ni eso hacemos. Y ¿por qué no lo hacemos? Porque a esos reyezuelos o presidentillos los tenemos domesticados: nos dan sus recursos naturales, todos los que necesitamos los occidentales a un precio muy competitivo y nosotros le pagamos en dólares que ingresamos directamente en su cuenta bancaria particular. Gadaffi amenazó con cortes de suministro de petróleo y con estropear todas las instalaciones para que los rebeldes no pudieran lucrarse de ellas. ¿Nosotros nos preocupamos por el bienestar de los rebeldes? No, nos preocupamos por nosotros mismos porque la sola revuelta ha tenido como consecuencia un incremento de los precios del crudo y si la cosa sigue así y baja la exportación nos quedaremos sin combustible para hacer funcionar nuestras fábricas (el país que las tenga porque España se está quedando sin ellas gracias a la política industrial de los gobiernos sucesivos que ha tenido desde hace muuuuuuchos años). Y eso sí que no podemos consentirlo.
Nosotros hemos acabado con nuestros bosques en pos de una industrialización salvaje y dañina que no respeta el medio ambiente sin pensar que cuando falte el aire y la tierra tenga como atmósfera un gas irrespirable, el dinero, los billetes no nos ayudarán a respirar mejor. Pero no solo hemos hecho eso sino que, además, pretendemos que países como Brasil, Colombia, Bolivia... aguanten la declaración de la Amazonia como zona de reserva mundial en la que no se pueda talar nada sin el consenso de la ONU, que es tanto como decir de EEUU. Es necesario que nos hace falta un pulmón como ese para poder sobrevivir, pero en lugar de imponerles a naciones que tienen un nivel de pobreza entre su población mucho mayor que el nuestro ¿por qué no dictamos leyes que obliguen a recuperar zonas de nuestros propios países? Si España en tiempo de los romanos, como nos dijo Estrabón tenía tantos bosques que una ardilla podía pasar de rama en rama desde Tarifa a los Pirineos, ¿por qué no tratamos de recuperarlos? Tenemos los Monegros, Almería... y muchas otras zonas desertizadas y podríamos comenzar por ahí en lugar de querer imponerles a otros países que no hagan como hemos hecho nosotros.
Y aquí quería llegar yo, a la hipocresía que preside nuestras relaciones personales y las de política nacional e internacional. La guerra es buena para todos menos para quien la sufre. Con ella se lucran muchas personas y naciones. Estoy seguro que atacamos a Gadaffi por un lado y por otro, por la puerta de servicio, le vendemos armas a él y a sus oponentes para que se puedan matar mejor. Los militares son los primeros beneficiados de estas guerras que armamos sin ninguna justificación en cualquier lugar apartado de nuestras poltronas, léase Vietnam, Corea, Afganistán, Irak, Libia o lo que se quiera. ¿Saben Vds. lo que cobra un guardia civil raso destinado en España y uno que va a una de estas guerretas? Pues en las guerretas sobrepasa cinco veces su sueldo en España. Consecuencia: hay bofetadas por estos destinos. ¿Por qué va la Guardia Civil cuyos cometidos no son ni mucho menos militares aunque sea un cuerpo sometido a disciplina militar? Porque ellos mismos lo han pedido dado el engrosamiento de haberes que consiguen.
Y esa hipocresía me molesta especialmente cuando emana de nuestros políticos. Zapatero que primero se opuso a la guerra de Irak (yo también), después envió tropas a Afganistán y ahora, desde el primer momento, se pone de parte de EEUU para ir a derrocar un presidente que maltrata a sus nacionales. Y nos lo vende diciendo que va a proteger derechos humanos. Pues vaya, el pueblo de Libia será protegido a cañonazos y los muertos volverán a ser “daños colaterales” y, desde luego, teniendo amigos como estos no le hacen falta enemigos.
Y lo peor de todo es que nuestro gobierno no ha venido de otra galaxia sino que ha nacido de nuestro pueblo y nos representa, no solo porque son parlamentarios, sino porque refleja lo que somos. Su manera de hacer, me da igual que gobierne el PP como en la Comunidad Valenciana, que el PSOE a nivel estatal, está siendo tolerada por nosotros y, como siempre, tendremos lo que nos merecemos. El PP volverá a ganar por mayoría absoluta en las autonómicas y, a lo peor, hasta gana en las nacionales. Bueno, no ganarán, perderán los del PSOE que no es lo mismo.
Señores ¿cuándo estaremos en condiciones de exigir a nuestros políticos la honradez de la mujer del césar, que no solo tiene que ser honrada sino, además, parecerlo? ¿Cuándo seremos nosotros tan honestos que no toleraremos la rapiña, la inoperancia, la estulticia y el desprecio de quien nos manda porque nosotros le hemos elegido?
Yo animo desde aquí a toda la población para que en las próximas elecciones haga un examen de conciencia política y vea cuál es el candidato de su agrado y, si no lo hay, que no vote al “mal menor” sino que deje su papeleta en blanco. Si conseguimos una amplia mayoría de votos en blanco nuestros políticos entenderán que queremos democracia pero real, no prostituida como la que tenemos ahora. Hay que votar, sí, pero por favor voten en conciencia. Y en estos momentos, creo que ninguno de los dos partidos mayoritarios se lo merece, unos por unas cosas y otros por otras, pero ninguno de los dos es digno de nuestro voto.

lunes, 14 de marzo de 2011

De ilusión también se vive


            Me estoy mirando en el espejo. De cara, de perfil, de tres cuartos, mi tipo, la ropa que llevo, las piernas con medias finas, el zapato con un pequeño tacón... la verdad es que, a mi edad –que no es que sea mucha, por supuesto- estoy muy bien... y, por eso pienso yo que se enamoran de mí.
            Y es que los hombres me miran, se insinúan, me regalan piropos... pero todo de forma fina, elegante, para que yo me entienda pero no lo vean los demás, de forma sibilina.
            Ahora mismo vengo del Banco. El empleado que me atendía, a punto de jubilarse, no paraba de mirarme mientras hacía sus papelotes para que yo pudiera cobrar mi pensión, y me he dado cuenta, claro, de que me estaba tirando los tejos de una forma muy discreta, como para que no se percatara nadie: me ha llamado Doña Mar, cuando sabe perfectamente que me llamo Lola. Diáfano que quería llamar mi atención. Pero es lo que yo digo ¿me conviene? porque claro, un bancario tampoco cobrará mucho y aunque el hombre estaba bien y era más joven que yo, hay que fijarse bien en la cuestión crematística. Y no, tengo que decirle que no siga porque si dejo que la bola de nieve ruede hacia abajo se agrandará y el pobre hombre sufrirá un desengaño. No le quiero dar achares; haré como siempre, le enviaré una carta:
            “Mi querido amigo: Es Vd. muy amable y muy simpática, además de estar de buen ver. Lo siento mucho porque he comprobado que le intereso. Ya sé que estoy muy bien y que eso atrae a los hombres –a casi todos les gustan un poco gorditas y que sean más bajitas que ellos; esto no se lo voy a poner en la carta pero es cierto- pero no quiero que se haga falsas expectativas conmigo. ¡Esos ojitos que me ponía cuando estábamos haciendo lo de mi pensión de jubilación, que ya hace cinco años que la cobro por ese banco, me dijeron mucho! Aunque más me dijo que me llamar Mar. Mar. Lo entendí enseguida. Me estaba pidiendo una cita para ir al puerto a ver el mar. Y sí, me encantaría, pero no puedo hacerle esta jugarreta; dejarle que se enamore más para luego echarme atrás. Olvídeme, es lo mejor que puede hacer. Y cuando vuelva yo por el Banco haga como que no ha pasado nada entre nosotros. Será mucho menos doloroso.”
            Sí, eso haré, le voy a escribir la carta. Voy por mis gafas porque como soy miope, si no las llevo no sé ni dónde está el boli y el papel. Y luego, cuando la tenga redactada, la copiaré ya sin tachones en un papel rosa perfumado, de los que guardo de cuando era casi una niña e iré a llevársela. Me pondré la peluca rubia – la verdad es que es un gozo esto de tener el pelo un poco ralo porque no me preocupo de ir a la peluquería y la peluca como es sintética la puedo meter en la lavadora- que para estas cosas va mejor y le deslizaré en su mesa el sobre con una sonrisa cómplice.
            ¿O no le digo nada y voy a decirle que sí, que vamos, que lo que él quiera...? 

miércoles, 9 de marzo de 2011

Inmigrantes, policía, estadísticas y políticos

El caso es que, a pesar de todos los despropósitos que nos rodean, muchas veces encontramos personas buenas que hacen su labor calladamente, sin presumir, sin estridencias electoralistas, sin esperar a cambio más que un reducido salario –porque lo necesitan para sobrevivir- o incluso sin eso, sin esperar nada a cambio.

Ayer acompañé, en calidad de Abogado –estatus que no tengo puesto que no estoy colegiado- a un grupo de tres personas de raza negra y dos voluntarios de Cáritas al Departamento de Extranjería de una Comisaría de Policía, donde habían sido citados –los negros- por haber sido sorprendidos en España sin disponer del preceptivo permiso de residencia.

Los chicos estaban un poco asustados. Los tres llevaban más de cinco años en nuestro país sin haber conseguido su legalización. Es decir eran ilegales. ¿Puede ser ilegal una persona? Estos inmigrantes me recuerdan a los hijos ilegítimos de antes de la reforma de la filiación en el Código Civil. ¿Puede ser un recién nacido ilegítimo? A estos se los llamaba hijos naturales ¿Es que acaso los otros eran hijos artificiales?

A pesar de llevar tanto tiempo en nuestro país no hablaban bien nuestro idioma y sentían sobre sí el peso de la posible orden de expulsión.

El zaguán de la Comisaría, de un pueblo grande de mi provincia, estaba bien. El suelo de mármol y bajo la escalera unas sillas de plástico, dignas, hacían de sala de espera. Allí nos sentamos hasta que una funcionaria –ignoro si era subinspectora o administrativa- bajó pidiendo los papeles. Me llamó la atención enseguida: era una mujer delgada, elegante, joven y guapa, con unos ojos no sé si grises o azules pero profundos y de mirar claro. Rápidamente nos tranquilizó: No pasa nada, solo os vamos a poner una multa de 500 euros. Es lo mínimo que podemos hacer. No hay detención, solo la multa.

Al subir para realizar los trámites, el chico pedía que lo citaran en otra población, grande también, donde vivía porque ir hasta allí le costaba un dinero que no tenía. Le explicaron que no podía ser, que ellos se limitaban a cumplir la ley y era lo mínimo que podían hacer: ponerle una multa de 500 euros.

-       -   Es que no tengo dinero y yo no puedo pedir un préstamo porque no tengo con qué pagarlo.

El pequeño despacho donde nos atendían era gris a pesar de tener un gran ventanal por el que entraba toda la luz del mundo. Las paredes con rozaduras, los muebles ajados y feos: cuatro taquillas que debían de ser para que los propios funcionarios dejaran sus cosas, un armario de otro color, una estantería con un batiburrillo de papeles y guías telefónicas, un archivador bajo; todos los muebles metálicos, de diferentes colores. Y encima de todas las cosas, cajas de cartón, un cactus en una maceta, un casco de motorista, un equipo de música ajado, cajas de zapatos, bolsas... En el suelo, un barullo de cables. No había suciedad, había mal gusto y desorden. Hasta las cinco sillas eran diferentes unas de otras. Tres iguales y bastante nuevas, las otras dos –las de los funcionarios- diferentes y viejas. Las paredes llenas de papeles, mapas, una foto de Mortadelo en moto vestido de policía, calendarios... pegados con chinchetas.

Allí se evidenciaba la falta de medios con la que trabaja nuestra policía. Lo único que en el despacho destacaba era un ordenador con el que le iban poniendo la multa al chico. ¡Qué contraste, Dios mío, con el lujo que disfrutan nuestros políticos! Los coches oficiales, los despachos de “lo quiero nuevo todo que esto no me gusta”, los muebles de diseño (por cierto ¿no hay que diseñarlo todo antes de fabricarlo?) carísimos, los regalos que se quedan sin un pequeño rubor en las mejillas. La noche antes, en un programa de televisión cañero donde los haya, salía Ana Botella yendo a la peluquería, acompañada de cuatro guardaespaldas ¡con tres coches oficiales! El despilfarro en teléfonos móviles para llamar incluso a líneas eróticas, las horas extras pagadas a los conductores de los coches oficiales de los políticos porque los utilizan también para sus cosas privadas... Y la policía sin tener suficiente presupuesto para poder trabajar en unas condiciones dignas. No solo eso, la Guardia Civil no dispone de dinero para papel autocopiativo y en muchas diligencias que hacen usan papel carbón de calco (¿se acuerdan de él? parece algo del pasado pero está ahí), y la Policía Nacional cuando citó a los cuatro chicos negros solo les dio citación a dos porque no disponían de más papel para ello. La citación era una fotocopia de una fotocopia (y así sucesivamente) en la que en el recibí alguien había puesto: “Recibí, El esposo de la interesada”, convirtiendo la citación en algo un poco ininteligible (las citaciones se habían dado a dos hombres) porque hacía ya mucho tiempo que alguien tuvo que dar una citación al esposo de la persona a quien iba dirigida. Y como ya no quedaban más citaciones originales tuvieron que utilizar ese modelo para seguir teniendo material.

¿Es justo que existan esas diferencias? No he visto ninguna empresa privada en la que, en un despacho se trabaje en esas condiciones. Ninguna. Es más, los cables en el suelo, hechos un barullo, habrían propiciado una buena multa por parte de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social por no cumplir las normas de protección de la salud laboral de sus trabajadores. Al ser funcionarios, no pasa nada.

¿Y lo de la multa? Multar a cuatro personas que, por no disponer de trabajo, no pueden regularizar su situación en España y no tienen dinero, es echar agua en un balde con un agujero en el fondo. Los policías trabajan, hacen lo que deben de hacer, la multa se pone, consta en las estadísticas pero nadie la va a pagar porque el sujeto pasivo no tiene dinero y la falta de ingreso no tiene ninguna repercusión ni en un posible expediente de expulsión ni en el de la regularización si consiguen una oferta de empleo cabal. ¿A qué juegan nuestras autoridades? ¿No saben que multar a un indigente es hacer trabajo en balde? Solo en el caso de que una de estas personas consiga un trabajo, y que ellos se enteren (lo cual es bastante improbable), una orden de embargo les irá detrayendo del salario una pequeña parte para pagarla. Pero, eso sí, Rubalcaba –o quien le sustituya- podrá salir en la tele diciendo: “El montante de las multas impuestas inmigrantes ha ascendido a XXX €” y será verdad. La noticia, así dicha, no asegura que se haya cobrado nada aunque a los que la escuchamos nos dé la impresión de que así ha sido. No, de esas multas solo se cobra una pequeña parte que no compensa ni lo que vale el trabajo de los policías que han intervenido. Esos policías, que podían estar investigando y deteniendo verdaderos delincuentes –de los que no andamos escasos precisamente- estaban allí haciendo papeles que eran de la misma utilidad que un cuadro para un ciego.

Que se lo quiten de la cabeza: mientras existan en el mundo unas diferencias económicas y sociales tan abismales entre unos países y otros, seguirá existiendo la inmigración, legal o ilegal. Es algo legítimo, por muy penado que esté, que una persona quiera alcanzar una vida más digna. Por otra parte, si ya los tenemos aquí y no les proveemos de un permiso de trabajo, siquiera sea provisional, les cortamos la vía honrada de ganarse la vida y solo les dejamos la delincuencia. Menos mal que, como he dicho al comenzar, hay buenas personas en todas partes, y la mayoría de esos inmigrantes, a pesar de las dificultades de su vida, no delinquen nunca, trabajan siendo explotados por empresarios sin escrúpulos o en trabajos muy marginales, a veces porque el empresario también es una buena persona pero no puede hacer más.

Ah, y otra cosa, la Administración llama a un Abogado de oficio –yo ya dije que no lo soy y, por lo tanto, no servía, me limité a acompañar- para que le recurriera la multa. Siendo un trámite administrativo para el que no se necesita –necesariamente- abogado, la administración paga uno para los inmigrantes y, sin embargo, no lo hace para los españoles ¿por qué esa diferencia?

Hay muchas cosas que no se entienden...

lunes, 7 de marzo de 2011

Las revueltas árabes


Me gustaría saber qué es exactamente lo que quiero comentar hoy y no sé por dónde comenzar. El panorama mundial es tan lúgubre que, cada vez que lo pienso, me echo a temblar.
Un mundo dividido siempre en dos facciones, una de las cuales domina y la otra sufre. 

Hemos asistido estos días a revoluciones en países árabes; un día empezó en Túnez y como si explotaran por simpatía luego han surgido en los otros países de alrededor. No sé qué pasará en Libia. Si Gadaffi vuelve a imponerse, los muertos se contarán por miles. Si pierde, él y toda su familia, y alguien más también, pasarán a mejor vida.

Los medios de comunicación nos están vendiendo todas estas revueltas como el grito del anhelo de libertad y democracia del pueblo llano. Yo, pesimista como siempre, no me lo acabo de creer. Qué raro me parece que todos los países, como una bomba de racimo hayan ido explotando de forma escalonada. Parece que si la cosa iba bien en uno se hacían el ánimo en otro y así sucesivamente.

Quizá se convoquen elecciones libres y gane quien mejor sepa marear la perdiz, como siempre. Pero ¿no estarán detrás de estas revueltas los islamistas más conservadores que, vestidos de piel de cordero se presentan como libertadores para luego someter al pueblo a una dictadura religiosa? Porque el pueblo es fácil de manipular, eso lo vemos todos los días. No sería la primera vez. No olvidemos que Hitler subió al poder como resultado de unas elecciones en las que su partido fue el que más escaños obtuvo aunque no llegó ni de lejos a la mayoría absoluta, y luego pasó lo que pasó.

Francamente, creo que las revoluciones acaecidas han sido previamente planeadas y se han ido haciendo pruebas. Se comenzó por Túnez el país en el que sabían que iban a tener una menor feroz oposición por parte del gobierno. Si eso salía bien... seguirían. Es difícil de creer que esto sea algo espontáneo que ha ido prendiendo en los demás estados.

Que Dios nos pille confesados si lo que temo ocurre porque vamos a tener el Mediterráneo llena de fanáticos religiosos con los que no cabe diálogo alguno. Y ojalá me equivoque.

Porque nosotros, los llamados países ricos –entre los que lamento desilusionarles ya no nos encontramos y tardaremos mucho tiempo en volver si es que lo hacemos algún día- estamos dejando que pasen las cosas y lo único que se nos ha ocurrido es venderles armas a todos los bandos (el negocio es el negocio) para que se maten más a gusto, encarecer el petróleo (para que ganen más las petroleras, que nunca benefician a los naturales de los países donde operan sino a las grandes potencias) y que suban los alimentos (que les proporcionamos en una gran parte nosotros también, es decir especulamos). A las grandes potencias les ha venido muy bien todo esto: harán tres suculentos negocios: armas, petróleo y alimentos. Si la población pasa hambre o son masacrados por un Gadaffi enfadado y triunfante, ya les da igual: entonces se aplica la política de la no injerencia, salvo que afecte a los intereses económicos. Entonces se interviene. Los demás países, los que poco podemos hacer, ni siquiera dejamos constancia de que no estamos conformes. Pero, claro, es que nosotros en la medida que podemos hacemos lo mismo –somos proveedores de armas de muchos países en guerra constante e igual se las vendemos a un bando que a otro- y lo demás no nos interesa porque pasa lejos.

Y si en el interior somos tan permisivos con la honorabilidad –o mejor dicho, la falta de honorabilidad- de nuestros políticos, ¿por qué nos iba a importar lo que pase unos kilómetros más allá?

sábado, 26 de febrero de 2011

Misterio desvelado


            Pues sí, para mí era un misterio porque la entrada de “Bueno, te enviaré una jovencita de 18 años” era de las más vistas en mi blog y eso me extrañaba ya que no la considero ni polémica ni especialmente interesante. Siempre suelo escribir de cosas cotidianas y aquella anécdota había sido el motivo que tomé para dar mi opinión sobre algunas cosas que decimos sin percatarnos de la carga de significado que llevan en su mochila.

            Pero mira por dónde el otro día, de pura casualidad, descubrí que en los blogs cuando entra el propietario hay una opción que se llama “Estadísticas” en la que puedes encontrar desde qué país te han estado leyendo –lo cual me desconcierta mucho porque me han leído hasta en Japón, país en el que no conozco a nadie- hasta si han entrado en tu blog escribiendo su dirección web o por medio de un buscador y -¡aquí está la clave!- qué palabras han puesto para que saliera precisamente tu página.

            Y hete aquí que los que entran a ver mi comentario sobre lo de la jovencita ponen cosas en el buscador como “jovencita 18 años tetona” y cosas así. O sea que lo que buscan es porno o al menos fotos de jovencitas con escaso vestuario y sobradas protuberancias físicas.

            Pues ya está. Ya sabemos la causa. Y no deja de tener su gracia.

jueves, 24 de febrero de 2011

Dos cartas


Tener un amigo es tener un tesoro. Eso es así y todos lo sabemos. Pero ¿cómo podemos distinguir a los verdaderos amigos? Y más difícil todavía ¿cuándo podemos saber si para nosotros uno a quien llamamos amigo lo es realmente y apreciamos de verdad su trato y amistad?

Cualquiera de las dos cosas es difícil. A veces, el que creíamos más amigo hace o dice algo que no comprendemos, que no somos capaces de calibrar. Y otras, cuando perdemos un amigo tenemos sentimientos contradictorios: ¿es dolor por la pérdida? ¿es rabia por el abandono? ¿es un ataque de orgullo por la dignidad pisoteada? ¡Qué difícil es distinguir ese barullo de sentimientos que nacen en nuestro interior cuando algo está fallando en una relación de amistad!

Y por otra parte ¿qué hacemos? ¿cómo actuamos? ¿se lo decimos claramente? ¿no decimos nada pero vamos dándole de lado? ¿intentamos entender qué ha pasado y darle una segunda oportunidad? ¿es realmente una segunda oportunidad o habremos fallado nosotros sin ser conscientes de ello y la respuesta del otro es la lógica o al menos la normal?

He titulado esta entrada “Dos Cartas” porque ante un trato que entendemos injusto e incoherente podemos reaccionar de dos maneras. Y estas serían las muestras:

“Primera carta:

Teófilo:

No entiendo la causa de lo que pasó ayer. He esperado inútilmente una explicación por tu parte. Lo que sí tengo claro son los hechos:
-         Habíamos quedado en que nos veríamos ayer y que me enviarías por email el domicilio donde nos íbamos a encontrar. Dijiste a los diez. Yo te contesté que a las once.
-         Tu email no llegó nunca.
-         La noche antes de nuestro encuentro me enviaste un mensaje al móvil, cuyo sonido siempre tengo apagado pues no suelo recibir mensajes, diciendo que no te había llamado y que no sabías si tendrías visita. ¿La visita éramos nosotros o era otra que te impedía vernos?
-         Te llamé esa misma mañana antes de desplazarme los 70 kilómetros que nos separan. Tu asistenta contestó al teléfono, pregunté por ti, me dijo que sí estabas, me preguntó quién era. Se lo dije. Lo repitió en voz alta. Y entonces añadió: “Es que he oído la puerta”. Pensando que no querías dar explicaciones, le dije que no pasaba nada, que te llamaría al móvil.
-         Emprendimos el viaje y te llamé al móvil. Siempre salió la voz que anuncia que el móvil está apagado o fuera de cobertura. Te dejé varios mensajes de voz pidiéndote que me llamaras, que estábamos de camino o que ya habíamos llegado. Cuando colgué la primera vez vi tu mensaje de anoche pero no le di importancia; ya hablaríamos cuando nos viéramos, aunque te fuera imposible venir a comer.
-         Llamé a tu casa, al fijo. El teléfono sonó seis o siete veces y me colgaron la llamada. Podía ser un corte de línea. Lo volví a intentar pero esta vez me colgaron al primer timbrazo. No había duda. No era la línea.
-         Llegamos a tu ciudad, hicimos un recado, comimos en un restaurante y nos volvimos a casa. Como es lógico comentamos todo lo sucedido y ninguno de los dos supimos encontrarle una explicación lógica.
-         Hasta ahora no he sabido nada de ti. ¿No has puesto en móvil en marcha todavía?
Hasta aquí los hechos. Ahora vienen las peticiones: Ya que has demostrado un desprecio patente por nuestro tiempo –dos personas perdimos todo el día para poder verte y comer contigo, como habíamos planeado- y nuestra compañía, no insultes además mi inteligencia dándome cualquier excusa tonta. Si no tienes una buena razón que explique lo que pasó, cállate, por favor.

Segunda Carta:

Querido Teófilo:

No sé qué pasó ayer que, al final, no nos vimos. Quizá tuviste algo que hacer, quizá no querías vernos, quizá tuviste un mal día... Lo ignoro.
Solo quiero decirte que estoy triste por tu actitud, porque ella me indica que no te encuentras bien, que te escondes de mí y creo no haberte perjudicado en nada, que no tienes confianza para contarme lo que te pasa o pedirme ayuda... Y eso sí que me duele en el alma. Quizá tienes motivos para estar de bajón... o no... lo ignoro porque no me lo has contado.
Necesito decirte que te aprecio mucho y que estoy dispuesto a hablar contigo cuando quieras llamarme haciendo como que no pasó lo de ayer, como si el día de ayer no hubiera existido..., que estoy dispuesto a escucharte si tienes algo que contar, que estoy dispuesto a ayudarte si lo necesitas, que estoy dispuesto a olvidar lo que sea... pero para todo ello también necesito que tomes la iniciativa porque nada más lejos de mi intención que ser un pesado imponiéndote una presencia que, quizá a veces te incomoda.
Cuando resuelvas lo que quieres, me lo dices. Yo sabré esperar.”

Son dos modelos de reacción hacia el mismo hecho. ¿Cuál escoger? Es difícil porque no es de sabios callar cuando la prudencia obliga a hablar, así que si no decimos lo que sentimos no podemos quejarnos si el otro no lo sabe pero si no le dejamos claro que nuestra puerta sigue abierta, quizá, después de lo pasado, le dé apuro llamar a la aldaba. A lo mejor sería bueno que escuchara las dos. Porque las dos dicen verdades.

Vds. juzgan.

viernes, 11 de febrero de 2011

El tabaco y su prohibición


He de confesarles que hace cinco largos años que no fumo. ¿Sufro por no poder hacerlo? Pues la verdad es que no. Y si me aprietan las ganas no tengo ningún inconveniente en coger un pitillo y darle dos o tres caladas; pero eso ha sucedido solo dos o tres veces en todo este tiempo y siempre lo he aplastado contra el cenicero mucho antes de que se acabara. Ya no me apetecía.
Sin embargo tengo amigos que lo dejaron hace más de 20 años y siguen teniendo un “mono” considerable. Le dicen al que fuma a su lado: “Échame un poquito de humo, anda”, consolándose con aquel sucedáneo que le depara el destino.
Lo cual me hace pensar que la adicción al tabaco es mucho más psicológica que física pues no creo que en el cuerpo de una persona que hace 20 años que no fuma quede el más mínimo rastro de la nicotina o el alquitrán que aspiró. Y sigue teniendo ganas de fumar.
Por lo tanto, el vicio de fumar se quita con una cosa: voluntad para dejarlo y, en todo caso, tratamiento psicológico pues poco pueden hacer los medicamentos –salvo quitarte la ansiedad que produce el saber que no puedes hacer una cosa que te apetece-. Ello unido a que dichos medicamentos son carísimos y que entre los efectos secundarios está que, raramente se han producido muertes por tomarlos, me hace pensar que los tales medicamentos son un negocio como un templo, destinado a engañar a las personas que no quieren hacer ningún esfuerzo por dejar algo que solo pueden dejar ellas mismas.
Poniendo estas premisas, ahora voy a abordar el tema de la prohibición de fumar en los bares. ¿Es lógica esta prohibición? ¿Está justificada?
Y aquí habría que ver, como siempre, qué bien estamos tratando de proteger para prohibir algo. Y Vds. me dirán: la salud del fumador y de quien está a su lado. Cierto, totalmente cierto. Y eso justifica la prohibición porque aunque todos los presentes en el bar estén de acuerdo en que se fume, los trabajadores, que no pueden renunciar a sus derechos por disposición legal, tienen todo el derecho a que se proteja su salud, aun en contra de ellos mismos. En su tiempo libre que hagan lo que quieran pero en el trabajo, el empresario es responsable de proteger su salud.
Pero, a la vez, me asaltan las siguientes preguntas, y supongo que no soy el único que se las hace:
-         Todos sabemos que en los cigarrillos que nos venden, las empresas fabricantes introducen sustancias para que sean mucho más adictivos que el tabaco solo. ¿Por qué no se legisla nada prohibiendo tales adiciones? No, a nadie se le ha ocurrido. ¿Será porque la industria tabaquera es una de las más fuertes del mundo y los políticos, en el fondo, le tienen miedo y solo hacen amagos de cara al público que indiquen que quieren proteger nuestra saludo pero que en verdad les importa un pimiento?
-         Cuando una persona enferma de alguna dolencia respiratoria se suele echar la culpa, de entrada, al tabaco: fumador activo o pasivo, da igual. El tabaco tiene la culpa. ¿La ciencia médica es actualmente capaz de discernir si un EPOC o un enfisema de un no fumador proviene de haber sido fumador pasivo o de la simple inhalación del aire que llena nuestras ciudades, repleto de sustancias cancerígenas que lanzan a la atmósfera las industrias y los motores de explosión? ¿Por qué no se prohíben los vehículos a motor? Ah, es que el coche, el camión… es indispensable en el mundo de hoy. ¿Y eso justifica que nos maten envenenándonos lentamente? Bueno, sí, luego se le echa la culpa al tabaco y ya está. La gente se lo acaba creyendo.
-         ¿Saben Vds. que nuestra ministro de Sanidad, Leyre Pajín, comentó, como de pasada, que estaban estudiando la posibilidad de incluir los medicamentos que supuestamente curan el tabaquismo entre los subvencionados por la Seguridad Social? ¿Saben lo que pueden llegar a pagar las farmacéuticas en forma de sobornos a los políticos de turno –no digo que lo hagan- porque eso se apruebe?
Supongo que queda clara mi postura: no al tabaco pero no también a todas las demás cosas que pueden perjudicar nuestra salud y el Gobierno ni nombra ni se acuerda de ellas si no es en sospechosas circunstancias. Y, desde luego, dejar la puerta abierta a aquellos que quieran constituirse en Asociaciones de Fumadores siempre y cuando no tengan asalariados y se sirvan ellos mismos.
No me digan que su enfermedad gastará recursos de la Seguridad Social en forma de asistencia que no tenemos por qué pagar los demás. Aunque eso es cierto ¿Por qué pagamos la rehabilitación de drogadictos cuando el comercio de la droga no paga ningún impuesto y sí el del tabaco? ¿Por qué damos pensiones no contributivas a personas mayores cuya hacienda ha sido puesta convenientemente a nombre de los hijos y entonces alegan que no tienen medios de subsistencia? ¿No existe una obligación en el Código Civil de dar alimentos a los familiares? ¿Por qué he de sufragar yo esa pensión si la persona en cuestión sigue disfrutando de los mismos o parecidos ingresos que antes de jubilarse o en el caso de que no sea así lo disfrutan sus hijos que tienen obligación para con ellos? ¿Por qué, en España, una persona quebrada delictualmente puede seguir abriendo empresas a su nombre o siendo Administrador de una Sociedad? Porque incluso en el caso de que esté inhabilitado, como no existe un Registro Oficial de Inhabilitados, no se puede controlar. Y luego, todos esos vendrán a pedir una pensión no contributiva por no tener medios de vida cuando durante la misma se han pulido lo que les ha venido en gana.
Estoy harto del fraude fiscal, de la doble moral, de la corrupción política, del problema estructural de la economía de España, de la tolerancia de la población hacia los desmanes de sus mandamases en cualquier parcela del país.
En definitiva: estoy harto de que el hombre sea tan poco hombre, porque cuando más se aleja del animal que fue, peor es la sociedad que crea.

miércoles, 9 de febrero de 2011

De las canicas a los videojuegos


Vamos a tener entre nosotros una nueva colaboradora: Berta Marín. Una periodista chilena de larga trayectoria profesional que nos deleitará con sus artículos. Ella misma se declara una mujer cristiana con participación activa en su Iglesia. Este es el primer artículo que nos envía. Que disfruten con él.


En la era digital en que vivimos hay adultos que experimentan cierto menoscabo al reconocer que “no se manejan con estos artefactos modernos”, léase cualquier equipo electrónico, desde un reloj pulsera a un videograbador.
Entonces, lo más corto y fácil, es recurrir a un nieto.”M’hijito, ¿podría, por favor…?
Casi escucho el suspiro de superioridad, fastidio y resignación con que el niño o el adolescente oprime por aquí, gira por allá, digita en éste o al otro lado y ¡ya!
¡Qué fácil! ¿no?
Nunca tanto. Es solo cuestión de habilidades y práctica. Recordemos que el mejor aprendizaje se hace haciendo. A bailar…se aprende bailando. A cocinar…cocinando. A nadar…nadando. A caminar…andando, cuántas más horas, mejor, y así hasta desembocar en la consola del más sofisticado aparato electrónico del momento que viene a ser algo muy complejo para nosotros, la generación que pasó ya los 50 y que es ¡papaya! para niños y adolescentes.
El problema es que hoy muchos niños y adolescentes – especialmente en los países desarrollados donde la vida familiar se da en un  marco frágil y cambiante - confunden la práctica y la afición, con la adicción. Y ser adicto a cualquier actividad no es bueno ni recomendable porque conlleva pérdida de equilibrio en la distribución de tiempo e intereses con consecuencias funestas.
La punta del iceberg en esta materia la representan los videojuegos, el boom de la entretención tecnológica móvil que a partir de los 90 tiene de cabeza a la sicología, la sociología, la medicina, a educadores, a legisladores  y a los medios de comunicación para valorizar su beneficio – o perjuicio - a la sociedad.
La respuesta definitiva sigue en compás de espera, a pesar de que  en un estudio realizado por la Universidad de Valencia en l992, el videojuego ocupaba el primer lugar entre los juguetes preferidos por el 62 % de los niños españoles, segundo lugar en el caso de las niñas, por detrás de los juegos de misterio.
La violencia fantástica ocupa, lejos, el primer lugar de las preferencias y la tendencia es creciente, lo que obliga a pensar que los videojuegos son mucho más que tecnología asociada a  recreación.
Dos serían las razones del gran impacto de los videojuegos.
·                   Por una parte, la gran afinidad que existe entre los valores, actitudes y comportamientos que promueven éstos y los que que imperan en la sociedad actual. Como el sexismo, la competitividad, el consumismo, la velocidad, la violencia, la agresividad, etc.
·                   Por otra, desde el punto de vista del aprendizaje, los videojuegos cumplen muchos de los requisitos que una eficaz enseñanza debe contemplar, y en la mayoría de los casos lo hacen mejor incluso que nuestros actuales sistemas educativos.
Veamos algunos de estos valores. La competitividad, por ejemplo,  es uno de los ejes de nuestra sociedad, presente en todos los niveles y todos los ámbitos, en la empresa, el deporte, la familia, etc. Ocupa un papel importantísimo en la infraestructura de los videojuegos, tanto en la competencia con otros como en la competencia con uno mismo.
La violencia es otra de las dimensiones que tienen un gran espacio en el conjunto de los videojuegos y que, lamentablemente, está muy presente en nuestra sociedad, puesto que vivimos en un entorno violento, sobre todo a través de la televisión, en donde se destaca como tema estelar de películas, telenovelas y aún en la selección del recuento informativo diario.
El uso del sexismo y del erotismo con fines comerciales y la difusión y promoción de los roles sexuales diferenciados y en relación de dependencia, también tiene un fuerte eco en los juegos de pantalla, al igual que son utilizados por la publicidad diaria con el fin de conseguir objetivos económicos.
La velocidad es otra de las características de nuestra sociedad moderna. Numerosos juegos muestran este aspecto competitivo relacionado con la velocidad de coches, motos y otros vehículos, en total consonancia con lo que ocurre en la vida real.
El consumismo, puesto que la iniciación en el mundo de los videojuegos supone un fuerte impulso para el desarrollo de actitudes y comportamientos consumistas, con la compra de aparatos, accesorios, cambios de modas, revistas especializadas, etc.
Los videojuegos entonces estarían reproduciendo valores y características propias de nuestra sociedad. Pero aún más importante es comprender que lo hacen bien. Hacer las cosas bien puede parecer obvio…pero no siempre se logra.
Por eso los sociólogos analistas del tema nos advierten:Al contrastar esta actividad con otras realizadas en el aula o en el hogar, comprobamos que el desequilibrio en cuanto a  la motivación de la conducta es totalmente favorable hacia los videojuegos.Ni en la escuela ni en la familia se realizan, por lo general, actividades lúdicas que por sí solas produzcan gran satisfacción, ni existe un conocimiento exacto de los fines a conseguir, ni un refuerzo inmediato y constante por los logros conseguidos, ni una actividad programada para desarrollarse con una dificultad progresiva. Tanto en la escuela como en la familia se realizan muchas veces tareas rutinarias, para las que no existen estímulos tan intensos como en el videojuegos(luces, sonidos, manipulación), que casi nunca reciben una recompensa, mientras que por el contrario son más abundantes los silencios o los castigos. La maquina nos hace una demostración de cómo se juega, nos plantea claramente las reglas del juego, nos permite jugar al nivel adecuado a nuestras posibilidades, nos facilita el progresar continuamente, nos invita a manipular y a manejar instrumentos y resolver problemas, nos dice inmediatamente el nivel que hemos conseguido, nos da recompensas si cumplimos determinados requisitos, nos dice cuándo hemos alcanzado el récor, nos permite inscribirlo públicamente, nos aplaude, nos anima, ... en suma, nos da la oportunidad de sentirnos héroes, en algunos casos de identificarnos con héroes reconocidos socialmente, como Rambo, de ser un poco "mejor" cada día.
Esta serie de circunstancias sólo se dan en los videojuegos y no se dan en la vida escolar ni en la familiar de una manera tan intensa.La constante repetición es una de las formas de afianzar comportamientos y de permitir mayor dominio de la actividad cada vez. Por ello, a fuerza de repetición y de jugar durante muchas horas, los niños y adolescentes llegan a convertirse en grandes expertos y alcanzan progresivamente puntuaciones o niveles superiores. El videojuego les muestra diariamente, de modo palpable y cuantificable, todo lo que están progresando, de manera que cada día que avanza consiguen un mejor nivel.
¿Y qué del “lado b” de los videojuegos, ese que destacan los medios de comunicación como artífices de la conducta violenta de algunos adolescentes?
Desde l973, año en que  se creó el juego de Pong, simulando una rudimentaria partida de tenis, y después la creación de los Space Invaders (matamarcianos), Pac-Man (come-cocos), y otros similares, comenzó una "carrera armamentista” que ha dado paso a juegos con un componente violento, bélico y agresivo  cada vez con mayor  intensidad y más realismo. Los juguetes de guerra actuales son "casi reales", como el de la Guerra del Golfo; las peleas callejeras son casi humanas, en cuanto a sus movimientos y la sangre que se esparce por la pantalla; los combates entre humanos o entre seres de otros mundos son cada vez más brutales, tal como "Mortal Kombat", en el que la versiones segunda y siguientes superan en crueldad a la primera.
De ahí que exista la opinión generalizada de que este tipo de juegos no puede aportar nada bueno en el desarrollo psicosocial  de los  niños, aunque muchas veces las opiniones y los juicios vertidos se hagan más sobre consideraciones intuitivas que basadas en investigaciones serias.
Pero ¿ realmente hay necesidad de “verdades científicas en esta materia”? ¿Acaso no sabemos “que la violencia engrendra violencia”?.
Del conjunto de  preocupaciones que el uso, y sobre todo el abuso de los videojuegos provoca en los educadores, destacamos las siguientes :
Los videojuegos están muy cargados de violencia y agresividad, por lo que  repercuten negativamente sobre el comportamiento de los niños y adolescentes, aunque algunos sugieran una función catártica al encauzar la violencia y darle una salida. 
Hay también  quienes piensan que la violencia de los nuevos juegos no es superior a la que se ha representado desde hace siglos en la literatura infantil universal, el cine, los comics, etc. El cuento de Caperucita Roja, Blancanieves, Pulgarcito, y otra serie de clásicos vendrían a ser el antecedente de los actuales modos de jugar con los ordenadores.
Y por más que quiera negarse, los videojuegos recogen y denuncian la realidad imperante en cuanto a  sexismo ya que la mayoría  representa a personajes masculinos. Las  pocas figuras femeninas que aparecen lo hacen en situación de inferioridad, de segundo plano, de cautivas que hay que rescatar, en actitudes de sumisión, mientras que los personajes masculinos están representados de forma activa, valiente y dominadora.
Hay todo un mundo de investigaciones pendientes respecto del impacto de los videojuegos en la personalidad de los adolescentes. Los padres de hoy, de cualquier nacionalidad o nivel social, observan alarmados el cambio operado en su hijo, esa“doble personalidad”  que exhibe ante ellos, monosilábico, desmotivado frente a todo y a todos, falto de energía y de alegría existencial. Otro, enfrentado a la pantalla con figuras en movimiento, tensos los pulgares en el control, atento a cada gesto del personaje en acción, captando todas las señales que le vienen por los audífonos, así juege con amigos o con con compañero virtual. ¡Dispara!¡Ataca!¡Cuidado! ¡Oh….!
Si el juego se refiere a matar enemigos – por lo general lo es – lo mejor será no interrumpir ya que en la forma en que  lo mirará no reconerá a su hijo, y  se sentirá fuera del mundo virtual en el cual él es el amo y Ud. un extraño.
Mientras lo mira gesticular con la adrenalina al máximo, estoy segura que se estará preguntando sobre qué pasó  con los juegos de calle que jugábamos cuando niños y adolescentes.
¿Por qué las canicas, el volantín, el trompo y el balón ya no los atraen?
No tenemos la respuesta. Creo que estamos recién enfrentándonos a una nueva realidad social para la cual no estamos debidamente preparados y, como todo lo nuevo, nos asusta.
Lo único que podemos hacer por lo pronto, mantengámosnos muy cerca de nuestros adolescentes para que, tengan la absoluta certeza de que todo cuanto hagan nos importa. Pídamos con sencillez de corazón que nos expliquen una y otra vez lo que no entendemos…¡Quién sabe si al explicar  un videojuego podemos razonar juntos respecto del mundo real y conocernos más uno al otro!
Podemos o no ser diestros en el manejo de artefactos electrónicos de última generación; podemos estar delante o detrás de la brecha digital. ¡Con los años vividos nos hemos ganado ese derecho!, pero no podemos juzgar ni menos condenar a nuestros niños o jóvenes porque se fascinen y se concentren en usar aquellos juguetitos que mentes adultas inventaron a partir de sus propias necesidades sicosociales.
La tecnología con su carga de bienes y de males volverá a sorprendernos mañana…porque, como en la canción, todo cambia. Lo único que no cambiará es la necesidad de amarnos y entendernos como seres humanos para acceder a un mundo mejor.




sábado, 29 de enero de 2011

Mis hijos creen que no me entero de nada

Mis hijos se creen que no me entero de nada. Ahora mismo, la pequeña, a la que le toca cuidarme este fin de semana, me acaba de poner un pijama nuevo de felpa, calentito. Me ha embutido los brazos en las mangas de un batín de lanilla del pirineo, feo como un espantapájaros, y entre ella y la india que me cuida me han depositado levemente en el silloncito donde paso las horas muertas.
Soy viejo. No me gusta eso de la tercera edad. En realidad, yo ya estaría en la cuarta pues tengo 94 años, edad a la que casi nadie llega en plenas facultades. Desde luego, yo no solo no las tengo plenas sino que apenas me queda ninguna. No recuerdo qué he comido a medio día, no recuerdo cuando me ducharon ni lo que pasó ayer, ni antes de ayer, ni el otro... No hablo porque no tengo nada que decir. Quizá si lo intentara, la voz saldría de mi boca más cascada que en otro tiempo pero audible. Pero no me apetece. Mis hijos hacen y deshacen. Me cogen, me levantan, me dan de comer - “¡Abuelo, abre la boca!”-, me visten, me desnudan, me acuestan; cuando vienen visitas, como si fuera tonto, me preguntan “¿Sabes quién soy?”. Yo les miro fijamente en un intento de que se den cuenta de que ni soy un niño ni me he vuelto tonto. Solo soy un anciano. Pero, claro, no comprenden, porque ellos han sido niños, adolescentes, jóvenes, pero viejos no han sido nunca y no saben imaginarse cómo es y qué pensamos.
He perdido mi memoria de tiempo cercano y las ganas de relacionarme con los demás. Y ellos, los demás, piensan que no recuerdo nada, que mi vida es como la de un vegetal –con todo lo que ello significa porque, vamos a ver, ¿cómo saben que un vegetal no tiene memoria o sentimientos? No lo sabe nadie pero los científicos todo aquello que no pueden probar lo niegan absurdamente, sin dejar un resquicio a la posibilidad de que sea-, que no pienso, que no recuerdo a mi mujer, que no recuerdo mi juventud, que mi vida ha entrado en una especie de vacío existencial.
Se equivocan. Hoy mi hija pequeña me señala y le dice a la india que me sonrío -¡será un rictus involuntario! ¿de qué puede sonreír? De nada.
Se equivocan. Hoy ha venido a mi memoria, nítidamente, un hecho de mi vida que me ha hecho sonreír, y ellos no conocerán nunca el motivo de mi sonrisa. ¿Para qué he de hacer el esfuerzo de contarlo si no lograrán entenderlo?
Tengo 14 años y es verano. Como todos los veranos, éste lo paso con mi abuela paterna y su hermana en un pueblo manchego. Alfonso XIII se mantiene en el poder como puede pero eso a mí no me preocupa. Me desazona mucho más la criada que ese año ha contratado mi abuela. Tiene 16 años y a mí me parece ya una mujer en sazón. La espío, la deseo, pienso en ella a toda hora. Este invierno se les murió la mujer que las servía y esta la ha sustituido. Bendito cambio: las hebras rubias de su cabello me parecen el oro más bello del mundo, los pechos ya formados en todo su esplendor tironean de los delanteros de la blusa y ésta se abre mostrando el canalillo más apetitoso. Los ojos color miel con un puntito de picardía me miran, a veces, yo diría que golosos. Me apetece pero no acierto a acortar la distancia que nos separa a pesar de que vivimos en la misma casa.
Esta noche he ido al cine de verano, al que me tengo que llevar la silla de casa porque, en realidad es un descampado con una pantalla hecha de sábanas blancas ensambladas unas con otras y colgadas en la trasera de un pajar. La película, de la que no recuerdo nada más que salía una chica que me la recordaba, acabó tarde y, al llegar a casa, mi tía y mi abuela se habían ido a dormir pero dejaron a la criadita esperándome en el comedor. Volví achispado y atrevido y ella me recibió reprochándome la tardanza que la hacía acostar tan tarde
       Señorito ¡cuánto ha tardado!
       Pero ha valido la pena: al volver he encontrado un tesoro.
       ¿De qué tesoro habla? ¿De mí?
       ¿De cuál va a ser, criatura? ¿No eres tan apetecible como un tesoro?
       Pues si tanto le apetezco suba a mi habitación ahora –dijo mientras echaba escaleras arriba.
       Sí mujer y que me encuentre la puerta cerrada con llave.
       ¿Con llave? ¡Tómela! –me lanzó la llave por el aire para que yo la atrapara y siguió subiendo la escalera hasta que, en mi estupor paralizante, la perdí de vista.
No me atreví a subir. Me fui a mi habitación y no pude dormir. Pasó una hora, dos, tres y yo seguía sin tomar una decisión y dando vueltas a las llaves entre mis manos. Hasta que la imaginé una vez más en mis brazos, sonriendo, dócil, cariñosa, complacida... y, sigilosamente me levanté. Descalzo como iba y sin querer encender la mortecina luz de la bombilla para no despertar a mi abuela y a mi tía, comencé el ascenso a las golfas de la casa. Su puerta me esperaba junta, sin cerrar; y sin pensarlo dos veces me metí entre las sábanas con ella.
El desastre más horrible comenzó entonces. Ella, harta de esperar a un indeciso como yo, se había dormido hacía  horas y, al notar a su lado a otra persona, despertó súbitamente gritando: ¡Socorro, socorro, ladrones, ladrones! Me lancé de la cama, salí al pasillo a todo correr -¡Ay, si tuviera que hacer aquello ahora!- y salté los escalones de cuatro en cuatro para llegar a mi cuarto y acostarme antes de que salieran mi abuela y mi tía al pasillo y se dieran cuenta de lo que pasaba. Pero las desgracias nunca van solas. Tuve tan mala pata que en el segundo rellano, ya casi llegando a mi destino, tropecé con la plancha de la ropa que habían dejado allí para que se enfriara. Era una de aquellas planchas de hierro, huecas, para meter en su interior carbones al rojo vivo. Le di una patada, la plancha se abrió y esparció el carbón ya apagado; resbalé, me rompí el tobillo, me tizné de negro el blanco calzoncillo y las piernas, rodé escaleras abajo y, entonces, entonces... se encendió la luz y me vi hecho un ovillo justo delante de mi tía y mi abuela, ambas con gorro de dormir y camisón blanco largo, que parecían fantasmas añadidos a mi pesadilla.
Me miraban con seriedad, tratando de que la risa no les asomara a la cara pero no acababan de conseguirlo. Me cogieron, me llevaron al comedor, llamaron al médico que me enyesó el tobillo, y no me preguntaron ni por curiosidad qué hacía yo a esas horas bajando por la escalera.
Y a la mañana siguiente, como por arte de ensalmo, la chiquilla había desaparecido de nuestro hogar.


sábado, 15 de enero de 2011

Las razones de una decisión


En mi anterior entrada les comenté cómo había surgido en mí el deseo de escribir una novela: de la percepción instantánea de un problema que los medios de comunicación airean cada vez más. No les voy a decir qué problema es este. Solo les voy a contar lo que sentí.
Sentí una tremenda indignación cuando conseguí imaginar los detalles de aquella noticia que tantas veces había oído y nunca me había calado. Sentí impotencia, sentí rabia ¿Sentí odio? No, no lo sentí. Pero sí sentí compasión por la víctima y por el autor. Con todo lo que esa palabra significa: padecer con. Acompañar en el sufrimiento.
Y me preguntarán Vds. ¿El autor sufrió? Y yo no les puedo contestar con seguridad nada. Lo más probable es que sintiera –y mucho- el hecho de que había sido descubierto. Lo que hizo seguramente no.
Hay personas que no tienen la capacidad de ponerse en la piel de los demás, de tratar de sentir lo que sienten otros, de compadecer. Eso a mí me mueve a compasión porque es una desgracia descomunal. Saber que estás dañando a otro ser y no ser capaz de parar de hacerlo, de dominarte... es digno de lástima.
Con ello no pido justificación para el autor. Nada más lejos de mi intención. Pero creo que se está tratando como delincuentes –que lo son- y aplicándoles los castigos previstos como si fueran unos delincuentes comunes y eso, eso no lo son. No son delincuentes comunes que reaccionen como una persona normal. A estos habría que aplicarles medidas de seguridad constantemente. Los delitos prescriben, las penas se cumplen o también se extinguen con el paso del tiempo pero las medidas de seguridad deben ser aplicadas siempre que una persona suponga un peligro para alguien. Y ellos no dejan nunca de ser un peligro. Estén donde estén: en la escuela, en la sanidad, en el ejército, en la cárcel, en la Iglesia, en el paro, en la familia... Siempre son y serán un peligro. No cambian. No pueden cambiar, a veces ni siquiera quieren cambiar.
Por eso sentí tanta emoción –y entiendan esta palabra como lo que es: la reacción corporal ante un estímulo- al comprender lo que era preciso que hubiera pasado para que dieran aquella noticia. La emoción se volvió sentimiento cuando la procesé. Del hipotálamo pasó a mi consciencia y la conciencia mi impuso la actuación.
Comencé una investigación en toda regla para comprender yo mismo si aquello eran hechos aislados que podían darse en cualquier parte o existía algún sector que los amparaba. Entonces fue cuando me di de narices con la hipocresía de quien dice una cosa y hace, no ya lo contrario, sino todo lo contrario; de quien niega el pan y la sal a todo un colectivo, a su visibilidad, a su normalización, y esconde y arropa dentro de su casa el abuso de las prácticas cuyo ejercicio normal niega para los demás. Solo es un sector pero ese sector es una realidad y de forma fáctica sostiene el entramado. Lo que no he podido saber es si ese sostenimiento se hace mediante la colaboración de unos miembros con otros o simplemente se mira a otra parte para no tener que actuar. Creo que es esto último, que ya es bastante, claro.
No crean que no tengo miedo. Lo tengo. Decir públicamente algunas cosas aunque sea a través de una obra de ficción –pero que refleja la realidad- es duro para cualquiera.
Quién ha leído mi novela declara que ésta produce un efecto enganche casi inmediato, y que luego deja una resaca difícil de sacarse de encima.
Solo me propuse, al escribir, tres cosas:
-         a) Que el texto fuera inteligible para todo el mundo.
-         b)  Que el lector deseara seguir leyendo.
-         c) Que provocara en el lector algún sentimiento.
Por los comentarios de quienes ya la han leído, creo que he conseguido las tres cosas.
No es perfecta pero no pretendo ganar el Nobel. Me conformo con transmitir mi rabia y mi impotencia a los demás y, si acaso, fomentar su conciencia protectora de los débiles.
Supongo que las críticas serán feroces y enconadas. Habrá quien niegue lo que digo. Pero lamentablemente el ambiente que describo es cierto. Los hechos inventados, desfigurados... pero ese mundo existe.
Ya me dirán.